morbo en el tren

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het80
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morbo en el tren

Mensajepor het80 » Lun, 19 Nov 2018, 01:25

Hace un par de semanas en pleno temporal de lluvia y frío decido coger el tren, pues con la que estaba cayendo no podía ir a trabajar con moto. Estaba esperando en el andén, había mucha gente, y hacía mucho frío. Suerte que los trenes en hora punta pasaban mas a menudo y casi no tuve que esperar. Minutos antes, decidí entrar en la cafetería de la estación para cogerme un café bien caliente y tomármelo mientras esperaba. El camarero, un chico de unos 25 años me sirvió el café y en el momento de cobrarme noté una cálida carícia justo en cuando cogía las monedas de mi mano más que helada. Deslicé la mirada hacia arriba y él ya estaba girado buscando el cambio en la máquina. Me dio el cambio y prosiguió con su trabajo atendiendo a las decenas de nuevos clientes que aparecían en su cafetería gozando de unos minutos de calor y olor agradable a café recién hecho.

Justo cuando llegaba el tren, los de delante se disponían a entrar, los del medio, donde yo me encontraba también y así sucesivamente todas las filas de persona que esperábamos ansiosos la llegada del tren, para así, quizá, encontrar un asiento y no tener que viajar de pie hasta el trabajo... pues no tuve suerte, la chica que tenía justo delante se apresuró y en medio segundo había alcanzado ese asiento que pude ver por la ventana y que quedaba cerca de la puerta de salida. Lástima! pensé! tendré que ir de pie todo el trayecto. En ese momento aún entraba más gente como si hubiese espacio infinito haciendo que los que ya estábamos dentro, cada vez estuviéramos más y más apretados. En ese momento casi podía sostenerme de pie sin tener que alzar el brazo para cogerme a la barra, pues solo con apoyarme con los que tenía cerca bastaba para mantener el equilibrio.

El tren inició su marcha justo después de hacer sonar los pitidos avisando que las puertas iban a cerrarse. Fue en ese momento que noté como mi cuerpo se comprimía aún mas con el chico que tenía justo delante y que éste apenas tenía espacio para moverse. El chico no dijo nada, y yo intenté no cargar todo mi peso sobre él, alzando rápidamente el brazo y apoyándome en la pared, justo por encima de su cabeza. La verdad es que el calor de la calefacción del tren mas el calor de todos lo que estábamos allí hacía que empezara a tener demasiado calor. No había tenido ni tiempo ni espacio para quitarme el abrigo, guantes, bufanda, ... así que cuando me dispuse a intentar desprenderme de algo de ropa para no morir asfixiado conseguí sacarme la bufanda, los guantes y desabrocharme el abrigo, fue en ese preciso momento cuando noté otra vez esa carícia cálida, en la mano que sostenía el maletín del trabajo. Me quedé quieto, ya que esa carícia volvió a repetirse. Lo que al principio pareció un roce inocente e involuntari, se tornó en un roce voluntario e intencionado. No sabía que mano acariciaba la mía, había mucha gente y no podía saber quien estaba jugando a ser cariñoso conmigo.
Las caricias seguían y cada vez esa mano cálida, fuerte, y firme recorría cada uno de mis dedos de la mano,empezó a subir por la muñeca de forma tan habilidosa que podía notar como había desabrochado el botón del puño de mi camisa para tener mas espacio y poder así, ganar terreno. De repente se detuvo, los roces cesaron... pero volvió a la carga, esta vez rozando mi muslo derecho. Eso me puso en tensión y consiguió que notara una inminente erección que no podría controlar mucho tiempo mas. La mano se posó en el muslo y apretó suavemente para luego hacerlo mas fuerte. Mi respiración de aceleró y noté como subía un calor como si de un volcán se tratara, des de mi entrepierna hacia todas las partes de mi cuerpo. Seguía sin saber quien era el artífice de aquello, pero de repente, el chico que tenía justo delante dio un giro y se puso mirando hacia mi. Le sacaba la cabeza, pero noté como sus dos manos se posaban en mis caderas, como las agarraba con fuerza y frotaba su pene contra el mío. La erección que antes intentaba frenar ahora se convertía en una fuerza imparable, así que mi polla creció y creció hasta ser una potente arma capaz de tirar muros. El chico, dejó de frotarse contra mi para, con una mano, y de forma muy habilidosa, bajarme la bragueta del pantalón e introducir su mano dentro de mis pantalones, calzoncillos y tocar mi polla que palpitaba como nunca. al no tener casi espacio para practicar-me una buena paja, empezó a sobarme la polla de arriba a bajo y en todas las direcciones, los huevos también. Por suerte para él, y para mi, claro! levaba unos calzoncillos de pantalón de algodón muy anchos que permitían cierto movimiento y así fue. Recorría mi rabo y me lo tocaba, apretaba, acariciaba, sobaba, todo lo que hacía falta para tener mi mente única y exclusivamente centrada en no correrme y alargar ese momento lo máximo posible. En un momento de máxima locura, levantó la cabeza y me miró fijamente, cuando lo miré, vi que era el chico de la cafetería. No daba crédito, pero ese chico me estaba dando tanto placer que podría desmoronarme en cualquier momento.
Fue entonces cuando con la otra mano, agarró mi mano izquierda y me guió hacia su bragueta que ya había abierto y me la introdujo dentro de sus pantalones. sorpresa! no llevaba ropa interior, y su enorme polla estaba lista para ser agarrada con fuerza por mi mano. Era tan grande que apenas podía recorrerla entera, sus huevos estaban perfectamente depilados y el tacto sedoso hacía que aun tuviese mas ganas de correrme.
Los movimientos de ambos se sincronizaron y éramos capaces de sobarnos al mismo ritmo, cosa que no permitía poder gozar aún mas de cada uno de nuestros movimientos, ya fuesen nuestros, los empujones de los otros pasajeros o los del mismo tren.
No pasó mucho mas tiempo, que empecé a notar como mis pelotas gritaban querer ser vaciadas, pues tanto sobeteo hizo que necesitara correrme como nunca lo había necesitado. El chico se detuvo, me miró, me hizo un gesto con la mirada que provocó que bajara mi cabeza, aprovechó ese momento para susurrarme al oído: si quieres gozar como nunca, bájate en la siguiente parada y sígueme. alcé mi cabeza y no pensé. El tren se paró en la estación, bajé detrás de él que me condujo hacia unos lavabos públicos. Rápido como un rayo entró en el de minusválidos, cerró la puerta y en menos que canta un gallo lo tenía de rodillas frente a mi, bajándome los pantalones, y metiéndose la punta de mi nabo en su caliente y húmeda boca. Se la tragó entera, pero no la sacó. Una mano la colocó en mi culo, deslizando un dedo hacia el ano que semiintrodujo lentamente, la otra mano la colocó justo debajo de mis pelotas, y con unos movimientos indescriptibles, fue jugando con los labios y la lengua haciéndome la mejor mamada que jamás nadie me había hecho. fueron solamente unos segundo cuando noté como un torrente hirviendo de leche salia proyectada hacia su garganta y aun notando mis espasmos seguía chupando y chupando mi polla sin parar. Metió aun mas el dedo en mi ano, hasta introducirlo entero, apretó mis huevos y su cara contra mi pubis haciendo que mi glande rozara con su garganta. apretó y apretó hasta que pasados unos segundos sacó mi polla de su boca, haciendo que saliera limpia del todo, no había dejado ni una sola gota... lo miré fíjamente a los ojos y me senté en la taza del water para recomponerme. Fue un segundo mas tarde que alcé mi mirada y vi como tenía su enorme polla justo delante de mi. No lo pensé, abrí la boca y me la tragué entera! bombeo su polla fuerte dentro de mi boca, la sacó, se la agarró y dejo caer toda su lefa caliente, sabrosa y densa sobre mi cara, boca y pecho. Recogí cada chorro que pude, cada gota de su esperma, y cuando hubo terminado lo miré fíjamente y le sonreí. Me devolvió la sonrisa, se vistió y salió por la puerta.

Tardé unos minutos en salir, pues mi polla seguía tiesa y palpitando... cuando conseguí que bajara, me vestí y salí. Ya no estaba... cogí un taxi y llegué al trabajo. a partir de entonces cada día cojo el tren, y haga frio o calor, me tomo un café bien caliente en la cafetería de la estación.


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